03/02/2026 17:00:19
03/02/2026 16:34:24
2/02/2026
08
ene
por Alejandro Pagliero, Financial Advisor de Nasini SA
Con el anuncio de los buques petroleros estadounidenses que partieron hacia Venezuela, las acciones del Merval fueron castigadas con fuerza. Una manera simple de entender esa reacción es pensarla como lo que ocurre en un supermercado cuando hay dos o tres productos que ofrecen prácticamente lo mismo y cuya diferencia de calidad, a la hora de usarlos, es marginal. En ese contexto, la competencia deja de ser por atributos y pasa a ser por precio. Y cuando eso sucede, alguno tiene que ajustar para volverse más atractivo.
Algo similar puede estar ocurriendo hoy con las valuaciones. Parte del equity argentino venÃa descontando expectativas muy positivas, quizá algo adelantadas en el tiempo, y la aparición de un nuevo oferente en el escenario energético regional obliga al mercado a recalibrar esas proyecciones. El caso de Venezuela impacta en la expectativa de oferta energética en América Latina para los próximos tres a cinco años, pero no constituye una señal de alerta para la industria de hidrocarburos en Argentina. La mejora en productividad a nivel local es significativa y sigue siendo un factor clave de competitividad.

Lo que cambia es el contexto relativo. Aparece un nuevo jugador en el radar y, a partir de ahora, la prima que el mercado esté dispuesto a pagar por invertir en Argentina tiene que ser más clara. Ya no alcanza solo con el potencial: la exigencia pasa a estar puesta en eficiencia, ejecución y retorno.
En su último informe, BlackRock fue claro en un punto central: el impacto global del evento es acotado. Venezuela produce apenas el 1% del petróleo mundial y no se espera un shock inmediato en la oferta. El cambio relevante no está en el corto plazo ni en el barril de hoy, sino en el marco mental con el que el capital empieza a evaluar las inversiones energéticas hacia adelante.
En un mundo más fragmentado y con más opciones sobre la mesa, las decisiones dejan de apoyarse en expectativas generales y pasan a exigir mayor precisión. Para Argentina, eso implica competir en eficiencia y productividad, un terreno en el que las empresas locales ya vienen trabajando, con niveles récord de inversión en tecnologÃa dentro del sector.